Las violencias que supimos conseguir. Nota de opinión

La violencia que nos parió o la violencia que supimos conseguir con la fuerza de un insulto o robándole palabras a nuestro propio himno nacional para darle fuerza a esta editorial, que honestamente, la escribo con mucho dolor e impotencia. Es que tampoco es “la violencia”, sino “las violencias”. Estos tiempos no pueden resumirse en una idea singular de violencia, sino que de la violencia cotidiana uno puede empezar a detectar una cadena de violencias. Algunas torpes y concretas, otras profundas y silenciosas; algunas ejecutadas por los propios ciudadanos, otras por el mismísimo Estado; las que nos indignan y nos dan mucha bronca porque se siguen llevando la vida de tantas mujeres; las que preocupan por la ausencia estatal, las que podemos evitar y no hacemos nada; las que nos inventan, las que nos fabrican los medios masivos de comunicación; las que pegan, las que callan, las que gritan, las que lastiman las infancias, las que destruyen todo tipo de proyecto de vida… Las violencias, violencias por todos lados: somos una fábrica de violencias, o peor aún, somos un público que es capaz de consumir violencias, alimentarse a violencias, hacer negocios con las violencias…   

Además de participar en esta radio comunitaria, trabajo en un bar como mozo. Hace un año que estoy en el mismo lugar y nunca me había pasado. Dos niños entran al bar a pedir plata o algo para comer. Por suerte trabajo con compañeros que atentos, y pese al trabajo, llegaron a prepararles dos sanguches y algunas papas fritas. A los pocos minutos, vuelven a ingresar y nos regalan un pan casero que estaban vendiendo. Un hermoso gesto de dos pibitos que patean la calle, descalzos y expuestos a cualquier situación, desde no regresar a sus casas hasta ganarse la indiferencia de la gente. Primera escena: dos pibes pidiendo en un bar en la noche sampedrina. Al menos se sus nombres y nos pudimos saludar con una sonrisa que, en estos tiempos, suena casi a un abrazo. Y por dentro me daba tanta bronca que en nuestra ciudad de la abundancia y las bonitas frases, tengamos pibes con hambre. Violencia.

Segunda escena: Natalia había denunciado a su ex pareja, había solicitado la perimetral, sentía que su vida corría peligro, lo sentía y se había puesto en movimiento. Desesperadamente le había pedido al Estado que actúe y el Estado no actuó. Amaba su trabajo en el centro de salud del barrio y su ex pareja la mató de tres tiros. Desde el Estado… silencio total. La denuncia de Natalia durmiendo en los cajones de la comisaria. Bronca. Dolor. La ciudad de las bonitas frases con un nuevo femicidio. Violencia.

Tercera escena: semanas atrás, un pibe de 25 años que había ingresado a la policía local, en la que puede ser la única fuente de laburo que creó San Pedro en este último tiempo (y donde muchos chicos van a encontrar cierta estabilidad laboral) muere en el medio de un tiroteo con delincuentes que querían dar un golpe a un camión repartidor para llevarse el dinero. Muchas dudas, muchos interrogantes, pero San Pedro vivió una escena de ciudad grande. Robo, enfrentamiento, dos muertos y mucho para reflexionar, para desandar, para reclamar al Estado que asuma su responsabilidad, para pensar porqué pibes de 25 años prematuramente armados tienen que exponerse a situaciones de extrema violencia producto del deterioro de las condiciones de vida de tantos. Violencia.

Denominador común de estas escenas, entre tantísimas que vivimos a diario: VIOLENCIAS. Salgamos de San Pedro a ver si encontramos un poco de sensatez. El presidente recibe a un policía que mató a un pibe por la espalda en un intento de robo. Lo recibe, lo apoya porque la justicia lo embargó, lo aplaude, lo festeja y da un mensaje: balas, sangre, muerte, violencias. ¿Queríamos sensatez? En la casa rosada no la vamos a encontrar. El presidente festeja la irracionalidad de estos tiempos y la ministra de seguridad dice que banca a muerte a las Fuerzas de Seguridad, que lamento decirles, tienen un prontuario horrible y lamentable como institución en nuestro país. Pero ahora tienen luz verde para pegar, reprimir y matar porque la clase dirigente fomenta estas violencias… y las aplaude.

Aumentó la pobreza y el costo de vida también. Las cosas cada vez valen más, y la vida cada vez menos. Se pierden fuentes de laburo. El Estado asumió una nueva doctrina, con un sentido de clase muy fuerte. Más presencia policial, más recursos, más luz verde a la violencia, más ajuste, más malestar, menos recursos al diseño de políticas públicas que permitan dignificar la vida de las personas, que protejan las infancias, que combatan la violencia machista que mata, que mejore la calidad de vida de discapacitados/as, enfermos/as, jubilados/as. Es un gobierno torpe, pero sobretodo, violento. Un gobierno insensible que desprestigia y denigra a los trabajadores desacreditando los sindicatos, que por supuesto, muchos quedaron en manos de empresarios que han corrompido la defensa de los derechos de los laburantes.Y puedo seguir con las escenas de violencias: aumentó el transporte, ahora un laburante duerme una hora menos para caminar más y poder seguir comprándole un alfajor a su hijo. Violencia.

Vuelvo a San Pedro, cansado de tanta violencia, y veo una señora a punto de desmayarse en las puertas de la coopser porque el gobierno autorizó un nuevo aumento y le vino $6000 de luz. Violencia.
Me encuentro con un ex alumno recién egresado de la secundaria y me cuenta que en su lugar de trabajo no le reconocían las horas extras, cobra muy poco y el maltrato es cotidiano. Violencia.
En los medios el fascismo y el machismo ocupando horas y horas de programación deteriorando la inteligencia y la sensibilidad de las personas. Violencia. Violencias.

Duele esta Argentina, heredada o construída… o ambas, o que me importa, tenemos una historia frecuente muy triste como discutir llanamente si fue tal o cual, lo cierto es que la batalla la viene ganando la violencia, y que el gobierno lejos está de dar una muestra de sensatez. Es más, aplaude esta violencia y sigue tomando decisiones que la fomentan. Pero me preocupa que no hagamos nada por nuestros/as pibes. Que crezcan en todas estas violencias. Que el Estado les dé la espalda y solo les proponga las esposas de un oficial. Luchemos por la dignidad de ellos/as, y por una sociedad… menos violenta.

 

Patricio Rosales.

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